Es mi vecino Andresito persona atenta y amable con quien comparto, a media mañana, tres veces por semana, un cortadito que me sabe a gloria.
  Su sencillo conversar, de poco hablar y mucho decir, cargado de socarronería, se desliza, cual refrescante brisa, sobre el acogedor rincón que, al lado de su casa, sombrea una vieja palmera canaria de frondosa copa.
  Andresito, desde hace años jubilado, cuida su pequeño huerto con mimo y lo hace siempre acompañado de un pequeño aparato de radio, cuyo dial conoce al dedillo, y de  su inseparable perro "Lombo". De ahí que buena parte de sus parrafadas tengan mucho que ver con lo que a través del transistor escucha y que a la hora del café pone sobre la mesa.

FONDOS PARA LA RECUPERACIÓN


Cuando el sábado me acerqué hasta la casa de Andresito estaba el hombre preparando la materia para un asadero de castañas.

-Buenos días caballero

-Hola Pepito-respondió-abra la cancela y pase para adentro que aquí me tiene preparando unas castañas.

-¿Y eso Andresito?-pregunté mientras su perro Lombo husmeaba las perneras de mis pantalones, moviendo la cola en gesto de amistoso saludo.

-Dentro de un rato-contestó-asomarán por aquí mis nietos y para ellos es una fiesta el asar unas castañas.

-Estamos empezando noviembre y son fechas para ello-le dije-pero este año la cosecha estuvo flojilla, el tiempo mucho no ayudó.

-No me diga nada vecino. El clima ya no es lo que era, está todo cambiado-y añadió-tome asiento que la cafetera ya está preparada.

Mientras Andresito acudía a la cocina trasladé a la mente los recuerdos de mi infancia en aquella aldea gallega cuando, por los fríos y lluviosos días de santos y difuntos, las castañas asadas en magostos o cocidas, con unas hojas de nébeda, eran centro de ritos y tradiciones. Pero el penetrante aroma del café recién hecho, que Andresito portaba, me tornó a la realidad del momento

-Sírvase Pepito, que el cafelito se enfría y, por si le apetece, aquí le pongo unos dulcitos de Moya, que ayer Mi hija Pino me trajo

Y dicho esto, sobre la mesa puso Andresito media docena de rosquetes y suspiros amparados en la albura de un paño bordado a punto de cruz en tonos azulados.

-Y qué me cuenta maestro Andrés, usted que está siempre pegado a la radio, qué novedades tenemos, cómo va la política.

-Mire usted Pepito-me dice-yo de eso entiendo poco, pero por lo que oigo en las tertulias de la radio, porque yo la tele solo la veo para quedarme traspuesto y dar mis cabezadas, parece ser que los dineros que manda de Europa para recuperarnos se reparten con lentitud  y la gente y empresas se quejan.

-¿Se refiere a eso que llaman Next Generatión?
 

-Por favor vecino-comenta mojando un cuarto de rosquete en el cafelito- déjese de palabras raras, yo solo sé que a mí no me han dado un euro y cada vez que voy a la tienda las cosas de comer están más caras y mire-añadió-según dicen algunos tertulianos, de esos enteradillos que siempre los hay, tendrán que devolver parte de esos Fondos de Recuperación por no haber acabado los justificativos proyectos dentro de plazo, ¿qué le parece?

-Lo que me parece es que el cortadito estaba estupendo, los dulcitos me supieron y que ahora tengo que irme.

-Pero hombre, vecino, coja otro suspiro para el camino-y me  acercó el plato de los dulces de Moya

-¡Qué no Andresito! que estoy cogiendo kilos de más y eso no puede ser. ¡Hasta el martes y salúdeme la parienta!

-¡Hasta más ver!-respondió
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*SOLAPAMIENTO*

   El pasado jueves, a media mañana, acudí a la acostumbrada cita del cafelito con mi vecino Andresito. Allí estaba el hombre bajo la parra, que sombrea la entrada del cuarto de la cocina, amasando gofio en un lebrillo, sobre la antigua mesa de madera de nogal que, según me contó en su día, ya era de su abuela materna, toda una reliquia.

-¡Acérquese Pepito!-me dijo sin dejar de acabar de elaborar la pella de gofio con un poco de miel de palma,  que le había mandado su nuera desde La Gomera.

-Ya veo Andresito-le dije- lo encuentro en plena faena, ¿va de sancocho el almuerzo de hoy?, añadí

-Pues sí maestro Pepe-respondió-compré el otro día dos tiras de cherne salado y con papas y batatas, de la cosecha, vamos a hincarle el diente, así que-añadió- si le apetece quédese a almorzar con nosotros.

-Gracias Andresito, que les aproveche. Y ahora dígame: ¿escuchó ayer en la radio el debate  en el Congreso de los Diputados?

-¡Calle, calle!-me cortó de súbito- Lo escuché y me cabreé.

-¿Y eso Andresito?

-¡Me calenté!-respondió acalorado- no tanto por los disparates que algunos y algunas portavoces dijeron, sino por el locutor que conducía la retransmisión.

-¿Por qué caballero?, le pregunté.

-Mire vecino-me dijo mostrando un gesto de desagrado-cada vez que subía a la tribuna un nuevo orador, el periodista locutor buscaba su minuto de gloria y trataba de justificar el sueldo haciendo un resumen de lo que había dicho el anterior interviniente, como si los escuchantes fuéramos tontos y no supiéramos extraer las conclusiones de lo expuesto por el parlamentario que acababa de intervenir, solapando así el comienzo del comentario del nuevo diputado en uso de la palabra. ¡Lamentable Pepito!

-¡No coja nervios Andresito! Ya le tengo dicho que cambie de dial y escuche música que resulta más gratificante-y añadí-¡cristiano, cómo corre el tiempo! Me voy Andresito que la parienta me está esperando y ¡qué le siente bien el sancocho!

-¡Adiós vecino! y hasta el sábado que tendré el buchito de café preparado. ¡Cuídese Pepito!

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*AHORA EN SERIO*


Cuando el martes me acerqué a la casa de Andresito estaba el hombre arrancando la mala hierba nacida en torno a unas flores del mundo, preciosas hortensias, que crecían junto a la pared oriental de su casa.
Con el cafelito de la mañana servido, Andresito, apenas dejó que me sentara para, de súbito, espetarme:

- Estos políticos, amigo Pepito, son para echarles de comer aparte-me dijo socarronamente

- Qué le pasa hoy con los políticos- le dije para tirarle de la lengua, mientras la sacarina de mi café navegaba sobre un mar de íntimos sabores.
 

-Pues que acabo de escuchar en la radio-dice mi apreciado vecino- que finalizada la reunión de Pedro Sánchez y Alberto Núñez (Feijóo) para tratar del  manido, recurrente y utilizado tema del asunto de los nombramientos de los jueces, renovación del CGPJ y TC (Consejo General del Poder Judicial y Tribunal Constitucional) sale el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y nos cuenta, sin ponerse colorado, que “ ahora sí va en serio lo de la negociación para la renovación” y digo yo Pepito-abundó Andresito- ¿es qué hasta ahora las múltiples reuniones y negociaciones para hablar sobre el tema eran de cachondeo, no eran serias? –y añadió- como dice mi cuñado el gallego “manda carallo” vecino.

-Andresito-le dije sonriendo- no se complique la vida sacándole punta a las contradicciones de los políticos, ya le tengo dicho que busque en la radio emisoras que pongan música relajante, lo agradecerá su cuerpo; ellos y ellas, los políticos, siempre están dispuestos a practicar aquello de “donde dije digo, digo Diego”. Y ahora-añadí-para quitarle el mal sabor del politiqueo aquí le dejo este bote de almogrote gomero que ayer preparé siguiendo la receta de mi recordado amigo Virgilio Brito, fallecido en Hermigua (La Gomera) hace más de veinte años.

-Muchas gracias vecino-dijo Andresito, mostrando su contento-lo tomaré con el rico pan bizcochado que me trae Lolita la panadera.

-¡Adiós Andresito! hasta la próxima, me voy que tengo que poner la lavadora.

-¡Hasta el jueves y cuídese!

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*LA CLASE MEDIA*


Cuando el jueves de la pasada semana me acerqué hasta la casa de mi vecino para charlar un rato, encontré al amigo Andresito entre perplejo y enfadado.

-Qué le pasa buen hombre-le pregunté- que lo veo a usted refunfuñador

-Hola Pepito, aquí estoy cabreado con lo que dicen en la radio-respondió-es que tiene uno que escuchar cada cosa...
-Maestro Andrés no se enfade, no merece la pena-le dije-cuando lo que oye no le gusta le da con el dedo a la ruedita del dial y cambia de emisora, ponga música que ayuda a relajarse.
-Primero vamos a preparar el cafelito y ahora le cuento-dijo caminando hacia la cocina de su casa terrera.

-¿Y el perro Andresito, que no veo por aquí?
-Para allá atrás-contestó- con el nieto, que hoy vino mi hija Pino a visitarnos y van a pasar el día por aquí.


-Y cuénteme-le dije- qué es lo que le tenía hablando solo cuando llegué.
-Pues que estaba escuchando a los políticos hablando de la clase media y la clase trabajadora. Y yo me pregunto, que si los que forman parte de eso que ellos y ellas llaman la clase media nunca han trabajado, y lo que tienen les ha caído del cielo.
- A lo mejor Andresito-apunté- es que cuando hablan así de la clase media es que se refieren a  en ellos mismos y piensan en el  trabajo que hacen: escaso y bien pagado. Pero tómese el café que se le enfría y hablemos de la borrasca de la semana pasada. ¿se le mojó la casa?


 Sonó el teléfono y Luisito, el nietillo de Andresito, gritó desde la otra parte de la casa: ¡Yeyo te llaman"! y yo aproveché para despedirme, mientras el coche de Lolita, la panadera, tocaba la pita para avisar de su comercial presencia.

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*EL ECHADERO*


Acababa Andresito de poner unos tutores a las matas de habichuelas, que lucen hermosas en el pequeño huerto que con tanto mimo cuida. Los ladridos de su perro “Lombo” anunció mi visita y presto su dueño acudió a la portada de su parcela para saludarme e invitarme al cafelito de media mañana, que a gloria me sabe por el buen rato de charla que en torno al mismo se genera.

-Entre vecino-me dijo- que ya sabe que está en su casa y aquí siempre es bien recibido.

-Gracias maestro Andrés-le respondí, a la vez que chasqueaba los dedos  de mi mano  en amistoso saludo a su perro, acostumbrado testigo de nuestra tertulia.

Servido el café Andresito no se demoró en iniciar la conversada que, en esta ocasión, parecía le revolvía su interior y ganas tenía de comentarla:

-Se ha dado cuenta Pepito-me dijo, mientras que con solemne lentitud hacía girar la cucharilla, con su peculiar tintineo, en el interior de su taza-como los políticos, ellos y ellas, ya se están moviendo de cara a las próximas elecciones; están, cómo no, pendientes de poder  consolidar “el echadero”, el que tienen o el de más arriba.

-¡Pero hombre! Andresito-le dije- si todavía falta más de un año para las próximas elecciones.

-Sí, pero los meses pasan volando y hay que asegurar la poltrona-y añadió-la de ellos y ellas, y los garbanzos de sus asesores y asesoras, amigos y amigas de partido. Algunos y algunas llevan en el poder ocho, doce o más años. Dicen que la política es muy ingrata, pero repiten y repiten y preparan el salto a otros puestos como cabildo o parlamento; una vez que prueban el sabor del cargo no se van ni de coña, las prebendas son muchas, los horarios de trabajo a su medida y la vanidad les envuelve.

-Pero Andresito, habrá de todo digo yo. Conozco políticos, hombres y mujeres honestos, preocupados por los problemas de la ciudadanía.

-Esos de los que usted me habla- dice- no repiten; a los cuatro años de mandato, esforzándose por la comunidad vecinal se retiran cansados, con la satisfacción del deber cumplido y vuelven a sus orígenes a disfrutar de la relación próxima familiar o vecinal. No, yo no hablo de esos y esas, me refiero a los que hacen del puesto político un echadero pegándose al mismo como lapas.

-¡Madre mía Andresito! Hoy está usted “enfoguetado”, ¡tranquilícese cristiano que le va a dar un soponcio!

-Tiene razón vecino, me cojo unas calenturas, sin necesidad, que acaban enfermándome-reconoció. Más vale cambiar de conversación y que usted me cuente como hace ese almogrote tan rico que me trajo la pasada semana ¡qué bueno estaba Pepito!

-Vale-le dije-el próximo día hablamos de eso, pero ahora es tarde y me esperan para almorzar.

-De acuerdo vecino, hasta el jueves, aquí le espero.

-Adiós Andresito.

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*DEL HABLAR Y ESCUCHAR* 

 -Mire usted Pepito-me dijo la otra mañana-yo de escribir sé poco, pero hay palabras y dichos que escucho  en la radio, a gente de estudios, que me suenan raro.

  -El pasado martes-continúa Andresito-en un programa de esos de tertulia deportiva uno de los que hablaba pronunciaba aquello de "nexo de unión" y, un poco más tarde, otro de los tertulianos pretendía aclarar un tema diciendo que era cuestión de "ambos dos". Y para entonces pensaba yo-mientras le echaba un puño de comida a la cabra-si sería posible decir  nexo en solitario, sobrentendiendo que de unir se trata y  ambos como referente a uno y otro, sin necesidad de explicitar que de dos se habla. ¿Qué le parece?

-Que lo encuentro a usted hoy muy gramático, le dije apurando el último sorbo del cortado.

 Y no contento con lo dicho, Andresito que tenía un día de lingüista refinado, añadió:
-Y dígame usted vecino cómo se debe decir: "este agua" o "esta agua", "ese arma" o "esa arma", "mucho hambre" o "mucha hambre",  porque algunos locutores y locutoras me van a volver loco.
-Pues inclínese por lo segundo y acertará-le dije-y otro día ya hablaremos de sustantivos, demostrativos y las formas de los artículos; pero que hoy venía para que me contara cómo pasó las fiestas navideñas y se me enrolló de mala manera hablándome de historias de la radio.

¡Cuídese Andresito, hasta el próximo día!


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*LA CITA PREVIA*


-Buenos días  Andresito, cómo le va caballero, ¿ya se le quitó la calentura del otro día con el tema de los políticos?

-Hola vecino, buenos días, pase para adentro, que la cefetera ya está al fuego.

  El fiel amigo de Andresito, su perro jaspeado "Lombo", se acercó moviendo alegremente su cola y dispuesto, como cada semana, a tenderse cerca de nosotros para participar, a su manera, de la amistosa charla del cafelito.
  Con su caminar de paso corto Andresito portaba la vieja cafetera, la cual despendía un aroma resucitador que se mezclaba, como si de una aguada de acuarela se tratara, con el penetrante olor de azahar de un limonero próximo a la casa.

-Y qué se cuenta maestro Andrés, qué dice la radio-le pregunté a modo de arranque conversador.

-¡Calle, calle! que las noticias me tienen hablando solo- me respondió airado- y prosiguió: de manera que el tema de la cita previa va decayendo, hasta en la banca las colas se atenúan, y resulta que la delicada   gente de la administración pública, que pagamos todos, mantiene, por norma oficial, la cuestión de la cita previa; de risa o de pena, ya no sé cómo tomármelo, al parecer son los únicos que pueden contagiarse; claro que, después, cuando acaban el trabajo y salen de detrás del mostrador, entonces si pueden juntarse con el resto de los mortales en el supermercado, la cafetería, la peluquería o eventos sociales y los escrúpulos desaparecen ¿Usted lo entiende?

-Cada día maestro Andrés-le dije para apaciguar su enfado-sabe más rico el café que usted prepara.

-Déjese de coña Pepito-se apresuró a decir-que estas cosas me ponen de mala uva y me revuelven los adentros.

-Cálmese Andresito, que ayer ganó la Unión Deportiva y eso le da más sabor, si cabe, al cafelito de hoy, que estaba buenísimo.

-¡Cuidese Andresito, hasta el próximo día!

-Adiós vecino y gracias por la visita


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